EL MENSAJE QUE SIEMPRE LLEGABA A LAS 2:47 AM

Nunca he sido supersticioso. No creo en fantasmas ni en cosas paranormales, siempre pensé que todo tenía una explicación lógica… hasta que un día recibí el primer mensaje. A las 2:47 de la madrugada, para ser exactos. Al principio no le di importancia. Pensé que alguien quería jugarme una broma de mal gusto. Mi celular vibró sobre la mesa. Era un número desconocido, con un mensaje que solo decía: “No abras la puerta.” Lo bloqueé y volví a dormir sin darle más vueltas.

La noche siguiente volvió a pasar. Exactamente a las 2:47 de la madrugada, recibí otro mensaje, esta vez de un número distinto: “No importa lo que escuches, no abras la puerta.” Sentí un escalofrío. Tomé rápidamente mi celular e intenté responder, pero el mensaje no se envió. Era como si lo hubieran mandado desde un número que no existía, porque al intentar llamar, una grabación decía que ya no estaba en servicio. Después de un rato, traté de convencerme de que no era nada importante… y volví a dormir.

Una noche, cansado de recibir los mismos mensajes diariamente, decidí quedarme despierto, Pensé que así podría descubrir qué estaba pasando. No sabía que esa decisión sería el mayor error de mi vida.

ya que Exactamente a las 3:30 de la madrugada comenzaron a tocar en mi puerta. Los golpes eran lentos. Pesados. Como si quien estuviera afuera no tuviera prisa. Me quedé paralizado. No me atreví a hacer ningún ruido. Mi corazón latía a mil por hora y sentía que en cualquier momento iba a delatarme.

No abrí. Por supuesto que no abrí. Me quedé inmóvil hasta que todo terminó. Cuando por fin reuní el valor para acercarme, encontré una hoja en el suelo. Con manos temblorosas la levanté.el papel Solo decía: “Bien hecho.”

Después de esa noche, el miedo empezó a consumir mi vida. Cambié de número, de celular, de compañía. Dejé de salir. Dormía con la luz encendida. Cerraba todo con seguro. Pero nada de eso importaba. A las 2:47 de la madrugada siempre llegaba otro mensaje.

Una madrugada, desesperado, escribí: “¿Quién eres?” y La respuesta apareció lentamente en mi pantalla: “Yo soy tú.”

Por más que lo intenté, no volví a dormir tranquilo. Una semana después llegó el último mensaje: “Esta es tu última oportunidad.” Me quedé despierto, temblando, mirando fijamente la puerta.

A las 3:30 de la madrugada sonaron los golpes otra vez. Toc. Toc. Toc. Esta vez eran más fuertes. Más urgentes. Como si supieran que estaba adentro. Sentía que el corazón se me iba a salir del pecho.

Pero esta vez me armé de valor. Decidido a terminar con todo, caminé hasta la puerta sin sentir las piernas… y la abrí.

Casi me da un infarto cuando vi quién estaba del otro lado.

Era yo.

Tenía los ojos completamente negros.
La piel gris, sin vida.
La boca torcida en una sonrisa burlona.

Sostenía mi celular en la mano.

En la pantalla brillaba un mensaje:

“No debiste abrir.”

Días después, encontraron mi cuerpo sin vida, tirado en mi habitación, sin señales de violencia, con el celular aún en la mano. El reporte decía: “Muerte por causas desconocidas.” Nadie pudo explicar por qué el teléfono marcaba las 3:30 de la madrugada… aunque ya no tenía batería.

Así que, si alguna vez recibes un mensaje a las 2:47 AM…

recuerda esto:

Por nada del mundo vayas a abrir la puerta.